viernes, 13 de abril de 2007

Hace mucho tiempo

Hace mucho, mucho tiempo, en un continente hoy desaparecido, vivían las primeras criaturas de Dios. Faces sin boca, seres mudos, eran tan iguales entre sí que parecían salidos de un molde. Sin poder hablar de sus penas dejaban de sentirlas. Sin saber si eran amados, nunca amaban. Tampoco, ignorantes de su dicha, tampoco sufrían por amor. De la misma manera que sus límpidas caras lucían herméticas sin el órgano de la palabra, sus corazones, tersos y sin asperezas, desconocían las arritmias de las emociones.

Allí habitaba una criatura un tanto especial, por su viveza y comprensión del mundo, amante de la reflexión. Confiaba en que alguien, desde algún universo paralelo muy muy lejano o quizá desde su propio interior, escuchaba y tenía en cuenta cada una de las sensaciones de su corazón. Así, comenzó a desear transmitirle a este ser su ansiedad por comunicarse con sus iguales.

Tanto lo deseó que su propia conciencia escuchó su súplica, y trasladó el mensaje al universo de las Decisiones. Allí, en aquel paraje destinado a los designios globales, se fraguó la gran escisión. Hombres y demás criaturas deberían elegir, escuchando a su íntima percepción, si aceptaban el nuevo reto de la comunicación entre iguales. Los que así lo aceptaron, vieron a sus conciencias arrepentidas. No sólo habían abierto su cara para su expresión con el resto de criaturas, sino también encontraron un hueco en su corazón para las impresiones propias y las que generaban lo que los demás hacían, pensaban o sentían.

Desde ese momento las criaturas pueden guardar en su corazón los más preciados secretos o quizá el amor más puro nunca imaginado. Hoy en día todavía hay quien piensa que cerrando la boca apagará los entusiasmos y desasosiegos de su corazón; nada más lejos de la realidad. Ni la herida en nuestras caras podrá cicatrizar nunca, ni nunca el corazón será sólo una máquina privada. Hablaremos al corazón de los demás, y, pese a quien pese, nuestro corazón estará siempre abierto, siempre dispuesto para compartir sus sentimientos.